LA NECESIDAD NOS HACE CAMBIAR "LA PARADOJA DEL FRUTO DEL ARBOL SECO"

La necesidad nos hace cambiar.

La herencia cultural que nos abona como individuos no siempre es la más deseada. Somos el producto de actos y consecuencias de otros que no nos consultaron para manifestar sus cadenas de eventos sobre nosotros, como un torrencial aguacero que parece ahogarnos. 

Desde padres que no brindaron afecto sino maltrato, parejas abusivas, jefes intolerables, socios estafadores, amistades desleales, religiones falsas, vecinos enemigos y así en cualquier rol que usted desempeñe que le puedan maltratar.

De la suma de eventos malos no siempre nace una víctima, es mejor que surja un aprendiz. No para edificar el oficio o arte de multiplicar el mal como su mentor, sino para guiar su camino a la bondad, porque conoce lo malo ha decidido hacer lo bueno.

Cuanto nos causa asombro y nos deslumbra cuando el padre alcohólico tiene un hijo sobrio, cuando el hermano delincuente tiene un hermano honesto, cuando un pariente violento tiene un pariente pacífico. 

La condición humana nos hace tentar a esperar que el justo se corrompa y no a esperar a que el desviado encuentre el justo camino.

Es un decisión ser víctima o aprendiz, todo yace en el don divino de la voluntad, en la firme conciencia del poder de decidir entre lo bueno y lo malo.

Solo quién ha vivido un infierno puede voluntariamente construir su propio cielo.

Existen árboles que en su propia esencia no aportan nada, residualmente no abonan a qué su ser se multiplique, sus ramas no crecen, parece que nunca florecieron y crean dudas a si realmente tienen raíces, todo da certeza de que cualquier fruto que lleguen a dar será una semilla mala, pero extraordinariamente esa semilla puede tener otro rumbo.

Cuando plantamos esa semilla del árbol seco en un suelo rico de los nutrientes de los cuales carece el corazón de la semilla, algo nuevo parece surgir, un corazón de bondad.

El corazón de bondad de la semilla del árbol seco tiene conciencia de dónde viene, no desconoce su pasado, pero ahora goza de la férrea voluntad de saber lo que no quiere, lo que no desea, lo que no atesora.

Así vemos hijos de vagos, ser buenos trabajadores, esposo amables que han sido traicionados, socios respetuosos que han sido burlados y muchos otros que han construido el nuevo valor de la justicia en dónde no había precedente.

La necesidad nos hace cambiar, nos hace buscar nuevos terrenos para florecer, buscar fructificar algo distinto, porque conocemos el sabor amargo del fruto seco que no maduro y nos sirvió de semilla.

La dulzura del fruto tambien depende de donde crecerá, no solo del tipo de semilla de dónde viene, en definitiva tener un corazón de bondad es un acto de voluntad.

Sandino Velázquez 

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