EL FRUTO MADURO, UNA SEMILLA
No todo fruto es buena semilla...
Las manifestaciones de nuestro ser deben generar un impacto energizante en todo lo que nos rodea, en los seres que perciben mi presencia, en los lugares donde transito, en las ideas que construyo, en las expresiones comunicativas con las que fluyo, de lo contrario estaría en desuso mi espíritu.
Procuremos ser un impacto positivo, catalizador de cadenas de eventos de bondad en la vida que abrazamos y no un detonante de miseria espiritual en nuestro radio de acción.
El aprender a conocernos es la fuente para abrir paso al enorme e infinito potencial de nuestro espíritu. Saber lo que me gusta, lo que valoro, lo que aprecio, lo que siento, lo que pienso, me permite definir lo que soy.
Autoconocernos es un proceso dinámico donde me defino mientras me conozco, es quizás la razón misma de la vida, aquella nomenclatura que resuelta no hará ser trascendentes.
Edificar mi espíritu requiere un autoconocimiento, solidez en los cimientos de mis pensamientos y valores.
Cuando los frutos de mi espíritu son consolidados logro obtener la madurez necesaria para convertirme en un agente multiplicador.
Toda la consistencia de un árbol tiene utilidad; raíces, tronco, ramas, flores, hojas y frutos.. conforme a la finalidad a la cual es requerida en un momento y lugar determinado, cómo Té, esencias, madera, decoración, paisajismo o alimento. Lo cierto es que existe una verdad absoluta, no todo árbol da un buen fruto ni todo fruto sirve para semilla.
La semilla es valorada por su concepción futura, siempre como el inicio del árbol que dará frutos, pero recurrentemente desestimamos valorar que es la condición presente de un buen fruto que alcanzó la máxima expresión de madurez en su ser para ahora multiplicar su esencia en miles. Incluso más aún, que para llegar a ser semilla tuvo que pasar por muchos procesos, desde la dependencia de otras ramas, el abono de su raíz materna, la nutrición de la luz solar superior a él, la hidratación de la lluvia y el autoestima en su florecimiento.
Ser fruto no es estar listo para ser semilla, aún falta un poco más, el valor de la madurez. El fruto maduro cae por su propio peso y ese es su valor.
Cuando creas que tus actos de bondad son semillas que han caído sobre tierra infértil, recuerda que solo cae al piso el fruto maduro que tiene el valor de ser semilla.
Continuemos sembrando el buen fruto de nuestras obras, el tiempo premiará nuestra madurez.
-Sandino Velázquez
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