EL FRUTO QUE VENDES
Amargas o dulces, las frutas igual se venden.
Quien vende algo lo hace con la esperanza de lograr convencer a su comprador de que está tomando la mejor decisión, la correcta o la más oportuna.
Un vendedor cree fielmente en su poder de persuadir, con su producto, en la voluntad del otro y disuadirlo en su intento de evadir comprar. De ser necesario creará una necesidad para lograr su meta.
Todos vendemos algo, en todo momento y en todo lugar... llevamos el juego de la oferta y la demanda más allá del mercado monetario y lo incorporamos en cada ámbito de la vida donde esté presente nuestra inteligencia cognitiva de forma dominante sobre lo emocional o viceversa.
Para vender algo, eso debe poseer valor, de lo contrario, acceder a ello no requiere premura por tenerlo ni riesgo por perderlo, en ese caso el precio no estaría presente.
Se venden bienes y servicios, así como casas y edificios, se venden ideas y valores como se vende el cuerpo y demás vicios, se vende justicia a quien tiene acciones que no puede justificar, como conciencias a los líderes de las naciones, se vende mano de obra y sacrificio con la frente en alta y pocos beneficios. Hay quienes venden almas también maleficios creyéndose superiores a quien nos hizo, se vende dominación a cualquier sumiso.
A todos nos mueve algún interés, ya sea por tener algo del otro o porque el otro tenga algo de lo que nos pertenece y, es en ese intercambio, conforme a nuestra voluntad, cuando todos nos convertimos en vendedores o compradores.
Nos mueve el amor, el dinero, la fe y en algunos casos hasta la ignorancia. Cualquiera puede ser la motivación. Así transcurre nuestra existencia en una constante transacción; vendiendo y comprando desde las ideas hasta las acciones.
Eres lo que vendes. Tus pensamientos, palabras y acciones hacen de ti una marca. El valor de tu marca lo elevará o descenderá el récord de tus manifestaciones en el transcurso del tiempo.
Si intentas vender pensamientos sin verbo y predicado, no habrá comprador.
Si vendes palabras y acciones sin pensar, probablemente vendas muchos tropiezos.
Si vendes tus acciones sin pensar, ni manifestar tus intenciones, será un proceso lento para vender que será reconocido a largo plazo por lo bueno o malo de tus actos.
Si piensas y actúas no necesitarás hablar para vender.
Recuerda que poco importa tu intención de vender si tus pensamientos, palabras y acciones no tienen valor, nadie las comprará.
Sino das valor a lo que vendes nadie lo comprará, lo que tienes será de uso y goce, nada de propiedad. Lo que todos tienen nadie lo valora, la exclusividad tiene un alto costo, que se eleva por la cantidad de quienes lo desean o necesitan.
El sembrador cuando ya ha cosechado sale a vender más que el evidente fruto, vende su esfuerzo, vende su creatividad, vende emociones, vende experiencias, vende su proceso...
Aunque un mango en apariencia pueda tener el mismo peso, tamaño y color, su sabor siempre será diferente porque el sabor viene del árbol de donde nació, es por eso que en una misma calle el mango de la mata vecina sabe distinto.
Aprecia tu Ser, eleva la marca de tus acciones, reconoce el potencial que yace en ti, domina tus pensamientos y afirmaciones, rompe el récord de lo que esencialmente vendes.
Sandino Velázquez
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