LA MALEZA TAMBIEN TIENE RAIZ / PERDÓN, VENGANZA O JUSTICIA.
Aprendiendo a ver más allá de lo evidente.
Una canción de magnífica melodía ingresa de forma tan agradable y sutil a nuestros oídos que es imposible ser indiferentes a la melodía, llegando incluso a conmover nuestros sentimientos y en ocasiones, sin ni siquiera conocer el idioma de lo que está siendo incorporado, en aparente armonía por nuestros oídos hasta nuestro cerebro, terminando agradablemente confundidos en nuestra percepción cognitiva.
Dormidos o despiertos nunca dejamos de percibir información, de hecho, ni requerimos haber nacido, pues ya siendo concebidos nuestros sentidos inician la trasmisión de datos a la memoria, archivo gigantesco que muchos años después usaremos como materia prima para la maravillosa creación humana de la consciencia, el auténtico despertar.
Bueno, ese es el proceso natural y, aunque nuestro cerebro almacene gran cantidad de información, muchos nunca logran un verdadero despertar y su vida transcurre de inicio a fin en modo zombie, sin activación de la consciencia. Comen, caminan, trabajan y hasta se relacionan, pero nunca llegan realmente a pensar, solo replican durante su existencia la información recibida, son como un disco duro portátil, una especie de Pendrive ambulante humanoide, tristemente carentes de la Belleza creativa de la humanidad y del pensamiento crítico.
Percibir infinita información y procesarla solo puede ser obra de una máquina perfecta. El cuerpo humano aprender a limitar lo que nos hace mal y procurar retener la información que nos da valor, eso es inteligencia emocional. Sacar provecho de todo lo percibido amerita entrenamiento para ser una mente maestra, crear la genialidad del reciclaje emocional, esa que nos permite al percibir desechos tóxicos transformarlos en experiencias de vida que nos hagan avanzar.
La estabilidad emocional requiere crear filtros emocionales, necesita que eduquemos a nuestros receptores de información para convertirlos en hábiles detectores de información contaminante que deban descartar, para que solo permitan el ingreso a nuestro gran archivo de vida de aquello que sea capaz de aportar, y echar afuera de nuestros límites emocionales, esos que previamente hemos creado, la información que solo viene a envenenar y dañar.
Afinando oídos, agudizando la vista, olfateando con detenimiento, evaluando con el alma el contacto físico y degustando con esmero, podemos ir más allá de lo aparente, comenzaremos a percibir verdades de todo nuestro entorno, personas, cosas, lugares y momentos.
Un buen ritmo no siempre tiene buena letra, solo debemos detenernos a escuchar bien para luego comenzar a bailar, así podremos cantar mientras bailamos la canción. Un paisaje paradisíaco no siempre es seguro, observar con cuidado los senderos nos puede evitar la dolorosa mordida de una víbora. Los mejores perfumes son una exquisitez en la piel humana que solo los gustos más finos pueden deleitarse, pero también se utilizan para embalsamar por más días a los cadáveres.
No todo es bueno, pero tampoco todo es malo. Debemos ser diligentes en apreciar con profundidad los detalles de los que nos rodea para aproximarnos al máximo a la realidad que nos abraza, derrumbando apariencias y exhibiendo esencias.
Ante lo malo no puedo huir, aislarme o fingir demencia, es una realidad. Justo allí inicia el proceso de reciclaje emocional, removiendo escombros y afianzando valores. La clase inicial es de reconocimiento, para aprender a digerir la realidad, evaluar porque no funcionaron mis filtros emocionales y descubrir el propósito en mi vida para crecer a partir de esa invasión tóxica.
La segunda fase es de Depuración, para decidir que debo cortar de raíz, que puedo tolerar y que debo perdonar para avanzar. En esta fase resulta crucial descubrir la motivación que tendrán mis actos, si las emociones me controlan y dejo fluir la venganza o si hago uso del perdón para avanzar, lo que nunca debe faltar es la justicia, de dar a cada quien lo que se merece y colocar a cada cosa en su lugar.
Los frutos también pueden ser de plástico y estar colocados de adorno en la misma mesa donde comemos, pueden engañarnos, provocarnos para tomarlos y morderlos, pero jamás tendrán un sabor natural porque no son fruto de la tierra sino del engaño.
Sembrador sin filtro emocional, abre los ojos y afina el oído, en tu terreno donde con esfuerzo plantas tus semillas y recoges tus frutos, también se pueden anidar víboras. Es momento de entrenar tus sentidos, filtrar lo bueno y aprender a ver más allá de lo evidente.
Sandino Velázquez
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