¿QUIEN CONOCE LA FELICIDAD? / QUERIENDO UNA TONELADA DE ESA SEMILLA
Las matemáticas, El Estado y las Religiones se parecen más a la felicidad que una sonrisa, un corazón pintado en una pared o las dudosas mariposas en el estómago, pues la semilla de la felicidad es tan abstracta que parece que no la conoce ni quién la desea ni quién ya la tiene.
Todos buscamos la felicidad, hay quienes la compran y otros dicen cultivarla, pero cada quien habla de ella de forma distinta.
De un gramo de arroz, maíz o frijol todos convergen en similares descripciones, pero sobre la semilla de la felicidad todos construyen una idea, pero ninguna es idéntica a la del otro, ni en tamaño, peso, olor y color, cada uno relata su experiencia, incluso se contradicen en apariencias, pero en definitiva todos la desean, el que la tuvo, el que la tiene y el que parece que nunca la tendrá.
En tanto que son las dudas sobre la felicidad que se puede llegar a creer que no existe tal semilla, sino que es un fruto, pues hay quienes la perciben como un resultado, como un fin, como un cuento de hadas. Las opiniones eclécticas no dejan de existir y también hay quienes afirman que no es una semilla ni un fruto, solo un árbol, siendo solo el proceso. A viva cuenta nadie tiene claridad absoluta sobre la felicidad.
Escasas no son las dudas sí es una semilla o son varias, si es un árbol fuerte o nace como el monte y le marchita al sol y el viento, si solo llega a llover para florecer con cada gota, si se cultiva a diario, si se cosecha de a poquito o se obtiene de ella una sola cosecha, pero de algo sino hay dudas que la felicidad es tan abstracta como quien la define.
Consejos sobre felicidad se dan y se venden a propios y extraños, con magna y arrogante sapiencia, sin duda ni apatía, con grata elocuencia e hidalguía se ilustran a terceros sobre su felicidad, no sobre la mía.
Cada quien decide cómo ver la felicidad en su día a día, como una oportunidad, como una disciplina, como un estado permanente, cómo una cobardía, cómo un árbol que solo produce flores y que se caen en veranos por la sequía o deciden abonarla en la eterna primavera con que se cultiva la alegría.
Mi Felicidad es mi decisión, nace de un sueño o de varios que se ara en nuestro terreno en todo o en parte, dentro de los límites que creamos, que se siembra con Fe y esperanza, cultivándose a diario y se cosecha las veces que queramos, se degusta al momento de saborear los frutos y se revive cuando recordamos el placer que nos dieron, que se comparte o se disfruta a solas y que además sirve de consejo.
Sino conoces la felicidad, búscala, aunque no sepas cómo es seguro la encontrarás. Si conoces la felicidad y la tienes abrázate fuerte a ella, si la perdiste apresúrate a reconciliarte con ella, si aún no sabías que la felicidad existe, despierta y prepárate para ser feliz a tu modo y a tu forma.
La felicidad siempre estará para quien decida trabajar por ella.
Sandino Velázquez
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