¿ESTANCAMIENTO O LATENCIA?/ Aprendiendo a crecer

Todos los vientos no siempre son favorables, algunos refrescan, pero otros secan. El esplendor del verde primaveral es la condición que todo árbol refleja como muestra de vida, creciente y vibrante, sin dar lugar a dudas de que todo le es favorable. Se nota la armonía de las condiciones externas ideales y las condiciones internas del ser viviente. 

Aun así, las eventualidades dan cabida a otras estaciones de transición entre las bondades del clima ventajoso al verdor a las calamidades del mismo medio que se llega a mostrar en escasez y renuente. No siempre las condiciones están dadas para el crecimiento, muchas veces solo se permite subsistir, en esto la naturaleza goza de sabiduría, es lo que en las semillas se denomina latencia. Dejar de crecer no es morir, es reservar el crecimiento para cuando las condiciones ideales estén dadas.

Las semillas poseen un mecanismo envidiable de supervivencia, digno de ser replicado por el ser humano, para lograr entender que para todo hay un tiempo y que podemos preservar nuestra integridad aún cuando no podamos crecer, bueno no en ese justo momento. La latencia es un mecanismo de inteligencia biológica para proteger y prolongar la vida. Otorga a las semillas la facultad de decidir cuándo germinar al encontrar las circunstancias ideales para hacerlo.
El ser humano vive en el mundo actual sumergido en el estrés de correr sobre el tiempo para ser más productivo, cumplir con los relojes sociales y en resumidas cuentas evitar perder el tiempo, olvidando las zapatillas de correr llamadas salud y felicidad. A esta paradójica supervivencia se le llama vivir bien y tiene en franco aumento la entrada de pacientes a centros de salud y difuntos al cementerio. Vivir bien, no puede ser un atentado a la vida misma ni un sedentarismo emocional mórbido, que no nos permita vivir nuestras vidas a un nivel suficiente de alcanzar la felicidad, vivir bien es un equilibrio de todo lo que nos haga felices.

La latencia de las semillas es algo muy parecido a la resiliencia, esa capacidad adaptativa que utilizamos para enfrentar positivamente las condiciones adversas y recuperarnos, pero opera como una variante de esta, resultando ser más pasiva, en virtud de que la creación de las condiciones ideales no se le exigen al mismo ser que experimenta el medio adverso, sino que se manifiesta como una facultad de saber esperar, se fundamenta en la paciencia. Latencia y resiliencia son primas hermanas, no se contradicen, pero actúan en bandas distintas, un accionar es activo y el otro pasivo. Los seres humanos podemos desarrollar ambas facultades en el plano emocional, para mantener un equilibrio interno frente a las adversidades, aprendiendo a ser resilientes, actuando con proactividad para cambiar la realidad que nos perjudica y aprendiendo a aplicar la latencia, relajándonos en el proceso cuando las circunstancias opuestas no dependan en forma alguna de nosotros.

Armonía emocional es saber administrar en tiempos difíciles el equilibrio entre latencia y resiliencia, para poder sobrevivir y guardar lo mejor de nuestro ser y así lograr crecer en condiciones ideales. 

No hay verano malo para quien sabe cuando llega la primavera. El que siembra sus semillas en mal tiempo por desesperado solo tendrá brotes de problemas.

La felicidad y la tristeza no se detienen con abundancia ni pobreza, las acompañan las risas y el llanto en aciertos y desencantos. Va y viene la salud y la enfermedad a cada tanto, como se casan los novios para toda la vida y se divorcian los esposos por no aguantar tanto. Lloran los recién nacidos para adaptarse a este mundo y lloran los parientes del difunto, menos el que ha vivido esperando heredar así sea un plato. No es para que se rían eternamente, ni viva en un solo llanto, solo es para recordarles que todo a su tiempo, disfrute la vida y no sufra tanto.

Momentos de abundantes emociones positivas sirven para sembrar, abonar y cosechar a manos llenas instantes de alegría, bondad y satisfacción que hacen notoria la felicidad. Momentos de adversidad, no nos deben consumir nuestro estado de felicidad, más sí deben preparamos nuestra reserva emocional para enfrentar las temporadas de tristeza, carencia y dolor. Siempre que reconozcamos la temporalidad y el ciclo de nuestra cosecha mantendremos el equilibrio emocional.

Continúa creciendo, bajo la lluvia y en la sequía, en la abundancia y en la escasez, en buena tierra o en pantanos, aplica la inteligencia de la latencia, para que nada ni nadie detenga la prosperidad de tu ser.

Sandino Velázquez 

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